29 noviembre, 2020

Está hoy en Bogotá de visita en «El Justiciero» el alcalde Chiscas Camilo Caicedo y su esposa Carolina Fuentes, primera dama del hermoso municipio Boyacense

Publican once cartas inéditas de Gabriel García Márquez.

La entrevista de Clarín fue publicada el 23 de marzo de 2013 por la Revista en Argentina.

VARGAS LLOSA, JOSE DONOSO Y GABRIEL GARCIA MARQUEZ, EN LOS 70.

Plinio Apuleyo y su obra «Cartas y recuerdos»

El periodista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, “viejo amigo” del nobel, presentó “Gabo. Cartas y recuerdos”, una reedición de sus aventuras compartidas, a la que sumó la correspondencia entre ellos, con autorización de uno de los hijos que es su ahijado.

La fascinación que causó en Gabriel García Márquez tocar por vez primera la nieve, la incomodidad de la fama al convertirse en un autor de éxito o los desvelos que le causó Cien años de soledad son revelados en Gabo. Cartas y recuerdos, una obra hilvanada por Plinio Apuleyo desde la atalaya de amigo íntimo. Apuleyo Mendoza (Tunja, Colombia 1932) se presenta sin dilación como un «viejo amigo» del premio Nobel, de los que «leían sus manuscritos» antes de que el autor de La hojarasca alcanzase el éxito.

Gabo. Cartas y recuerdos, publicado por Ediciones B en España y Latinoamérica, traza un «perfil muy humano» del célebre escritor, a quien Apuleyo Mendoza conoció a finales de la década de 1940 en un café de Bogotá siendo dos jóvenes aspirantes a periodistas; Gabo solo tenía veinte años, Plinio cuatro o cinco menos. Sin embargo, sería París la ciudad en la que se forjaría su amistad, en los años cincuenta. En la capital francesa volvieron a encontrarse para vivir como amigos una similar aventura en buhardillas, bares y cafés del Barrio Latino.

Cuenta Plinio Apuleyo Mendoza «que, a veces, su amigo Gabriel García Márquez, el novelista idolatrado por millones de lectores en todo el mundo, se libera del peso de su propio mito y vuelve a ser, simplemente, Gabo. Este libro nos habla de esos momentos. Del Gabo auténtico, conocido solo por su círculo más íntimo. Es un retrato emocionante y a ratos sorprendente del escritor colombiano, desde sus comienzos como aspirante a periodista hasta su consagración definitiva con el Premio Nobel de Literatura. Además, el libro incluye once cartas inéditas escritas por Gabo a Plinio, su confidente literario. Se trata de documentos de un extraordinario valor, en los que el novelista expresa sus dudas, dificultades y esperanzas durante la escritura de obras maestras como Cien años de soledad o El otoño del patriarca.»
«Nuestra amistad nació, tres días después de llegar García Márquez a París, cuando le invité a cenar y al salir del restaurante vio el Boulevard Saint-Michel cubierto de nieve», recuerda Apuleyo Mendoza, quien sonríe al evocar la cara «extatica y fascinada» del premio nobel al ver aquel «espectáculo de sueño». Plinio Apuleyo evoca como en aquella época García Márquez, quien fue cesado como corresponsal del diario colombiano «El Espectador» en París, comenzó a «pasar hambre» mientras escribía El coronel no tiene quien le escriba, aunque se negaba a aceptar dinero de los amigos.

En esos años, cuando todos los países de América Latina vivieron dictaduras, los dos amigos decidieron viajar a la extinta Unión Soviética; «el socialismo era un sueño», rememora Apuleyo. Sin embargo, lo que vieron en un periplo, que también les llevó a Alemania Oriental, Checoslovaquia y Polonia, les provocó, precisa el autor con una larga carrera en el periodismo, «un desconcierto grandísimo» regresando «muy desengañados del mundo comunista». «Perdimos la fe, pero cuando surgió la revolución cubana la recibimos cono algo nuevo» en el mundo comunista y en el latinoamericano, precisa Apuleyo Mendoza, quien dirigió en París la revista «Libre», catalizadora del «boom» de la narrativa latinoamericana.

El primer obstáculo en su amistad la pondría, en 1971, el encarcelamiento del poeta cubano Heberto Padilla, aunque no supuso distanciamiento alguno. Cuando llegó el «caso Padilla», dice, casi todos los escritores apoyaron una primera carta de protesta por el proceso contra el poeta cubano que contenía la firma de García Márquez y que fue incluida por decisión de Apuleyo al no localizar al premio nobel. Fue García Márquez quien personalmente le aclaró que él no quería figurar en esa misiva, por ello el propio Apuleyo anunció este hecho a la agencia cubana Prensa Latina en París que lo difundió.

Fidel Castro pidió conocer al escritor colombiano y «hasta hoy son amigos», puntualiza. Y es que Apuleyo piensa que «Gabo no es amigo del comunismo, lo que ha perdurado es una amistad profunda con Fidel», ante quien revela ha intercedido para liberar a escritores, el último de ellos Raúl Rivero, o sindicalistas.

Gabo. Cartas y recuerdos retrata en sus páginas el ejercicio como periodistas en Caracas, Bogotá o La Habana, al tiempo que compartían la misma devoción por la literatura. Con la aprobación de uno de los hijos de García Márquez, Rodrigo, del que Plinio es padrino, el autor ha incluido once cartas inéditas que el premio nobel le envió desde México mientras escribía «Cien años de soledad». «Me contaba sus inquietudes y le preocupaba lo que le decían sus amigos de esta obra», que el pensaba «podía ser una catástrofe o un gran acierto» y que entendía como «un largo poema de la vida cotidiana».

Intimidado García Márquez por la fama, a la que considera «una visitante inoportuna», Plinio Apuleyo recuerda como los amigos de Gabo trataron que tras la concesión del Nobel «nada cambiase» en su trato. El libro, que tuvo una edición anterior en 2002 pero sin las once misivas, incluye una colección de fotografías y en una de ellas Gabo aparece junto a Mario Vargas Llosa, José Donoso y sus respectivas mujeres, en Barcelona.
Una instantánea irrepetible, porque Apuleyo cree que «es tarde» para sellar de nuevo una amistad que, además, duda de que hubiera podido «perdurar» por las diferentes posiciones políticas de Vargas Llosa y García Márquez.

Apuleyo –quien también publicó «El olor de la guayaba», donde recoge sus conversaciones con el nobel colombiano– confiesa no saber a ciencia cierta el estado de salud de Gabo, con quien no habla desde hace dos años.

Fuente: EFE / Mercedes Bermej

 

 

 

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